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José Manuel García Marín

"Un NOSEQUÉ de agradable en las flores de plástico" Andrés Sopeña

"Un NOSEQUÉ de agradable en las flores de plástico"  Andrés Sopeña

MUÑECOS

 

Yo creo que va a ser un auténtico exitazo. Como ya lo fue el flatulento de las navidades pasadas, el que se había pe­dido, que decía la niña del anuncio; y como antes lo ha­bían sido el asquerosín que moqueaba, o el guarrete que soltaba eructos. Este muñeco que te mea en la cara en cuan­to te acercas es un hallazgo; no me cabe la menor duda.

       Es que hay que ver lo que es el progreso, oye. Que me acuerdo perfectamente de la muñeca que tenía mi hermana, tan simplona y rígida, que se limitaba a cerrar los ojos y soltar un balido cuando la acostaba. Cierto es que la muñe­ca en cuestión agarró una alopecia galopante y hubo que recomponerla con pegamento, que quedó de espanto; pero era un defecto de fabricación, como lo del ojo, que solo se le cerraba uno, y te daba como grima mirarla; que mi her­mana es psicóloga infantil y digo yo si no habrá relación con aquello.

No obstante, yo creo que a los muñecos de ahora les sigue faltando un pelín de naturalidad. Porque es realmente educativo y socializa lo más grande que caguen, moqueen, meen y eructen; e incluso que cojan carretera y manta y se dirijan al Portal. Pero los niños de verdad hacen todo eso cuando les da la gana. Lo que significa que, así como el que no quiere la cosa, podríamos estar formando a una genera­ción de padres incapaces de comprender, absoluta­mente perplejos ante un mamoncillo que ha apestado el dormitorio a las tantas de la madrugada sin que se le haya apretado un muslito previamente. Por eso, y en nombre del por­venir de la raza, sugiero a los fabricantes algo tan simple como el añadir un temporizador aleatorio al mecanismo de sus criaturas, de manera que cuando uno menos se lo espere, el muñeco monte un auténtico clamor pediéndose incesantemente, o anegue a la niña con una meada especta­cular, mientras ésta duerme tiernamente abrazada a él. Eructos y pedetes podrían oler, y los mocos podrían alter­narse, ora claros, ora verde viscoso. En este último supues­to se 1e podría añadir también una tos cavernosa, y flemas. Ya puestos a sugerir, para los niños recientes que se hayan perdido los modelos anteriores podría crearse Escatologín, un muñeco que compendie toda clase de marranadas y me los ponga al día. Saldría caro, pero no deja de ser una inversión educativa; y con los niños no hay que reparar en gastos, que habrán de pagarnos las pensiones.

Por ideas no ha de quedar. ¿Para cuando un muñeco que te suelte una patada en la boca cuando lo eleves por encima de la cabeza? No creo que sea problema, eso con un altímetro... Y podría llevar un conmutador, y que a los va­rones 1a patada se la soltara en otra parte. Y Nietecín el muñeco que se endilga a las madres cuando las niñas se van con las amiguitas; y Cabroncete, el muñeco que molesta a todas horas, particularmente en restaurantes y playas, ante la indiferencia de los niños propietarios; y Mi pichilla, el muñeco para niños machistas; y Litroncín, y Reglita...

Será por ideas. Tiempo al tiempo.

 
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1 comentario

Miguel Angel de Rus -

Hola, José Manuel:
Felicidades por rescatar este texto de Andrés Sopeña. Te propongo otro del mismo volumen; el de un hombre que ha vendido un libro y es entrevistado por lo smedios de comunciación. Me partía de risa.
En fin, salud y fresquito.
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