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José Manuel García Marín

Textos ajenos, pero cercanos

La Mezquita de Córdoba... registrada por la Iglesia

La Mezquita de Córdoba... registrada por la Iglesia

Antonio Manuel Rodríguez Ramos
Doctor en Derecho. Profesor Derecho Civil Universidad de Córdoba

Abstract: Tres son las cuestiones controvertidas sobre la Mezquita-Catedral de Córdoba: titularidad (pública o privada), gestión (pública, privada o compartida) y uso (civil, ecuménico o católico). Nadie cuestiona su naturaleza de dominio público, ni su trascendencia universal. Este artículo se limita al estudio jurídico sobre la titularidad pública de la Mezquita-Catedral de Córdoba, así como la nulidad de su inscripción registral por la Iglesia Católica, debido a la inconstitucionalidad de las normas en la que se ampara, la carencia de titulo material de adquisición y la imposibilidad de usucapirla. 

La denominada popular y mundialmente como Mezquita de Córdoba, también llamada Santísima Iglesia Catedral por la Iglesia Católica, no es una cosa ni la otra: son las dos o ninguna. O un templo ecuménico (que no ecumenista) habilitado para el rezo compartido. O un monumento laico (que no laicista) como Santa Sofía en Estambul. Así se zanjaría el debate sobre la funcionalidad de un monumento singular y único en el planeta, reclamo universal de Córdoba, catalogado y protegido con dinero público como Bien de Interés Cultural (BIC) por el Ministerio de Cultura, declarado Monumento Nacional en 1882 y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1984. Hablaríamos de una decisión política coherente con su trascendencia histórica, artística y espiritual, que hubiera sido posible hace apenas unos años, si no fuera porque aparentemente ya no pertenece a los cordobeses, ni a los andaluces, ni a los españoles: es propiedad privada de la Iglesia Católica. ¿Es verdad? ¿Ha sido legítima esa adquisición? A mi juicio, indudablemente, no.

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DEMOCRACIA DE ESCLAVOS

DEMOCRACIA DE ESCLAVOS

 

    Hay que resignarse y asumir que el pueblo es de condición inferior, por tanto no necesita casas cómodas y amplias, coches lujosos ni, en definitiva, buena vida. Una buena vida que, en realidad, no sabe valorar. ¿Acaso sabría apreciar –por poner un simple ejemplo-, el cigarral que la señora presidente de Castilla-La Mancha se compró, al contado, en Toledo? Seguro que no. ¿Quién debe, entonces, apretarse el cinturón?: el pueblo. El pueblo, que tiene costumbre. Los políticos, los banqueros, los ricos en general, tienen otra pesada carga que Dios les ha impuesto, administrar a los pobres. Caritativamente, por supuesto.

    Vistas así las cosas, ¿no deberíamos, por el bien de todos, pasar de siervos a esclavos? De toda la vida, el mercadeo con esclavos, ha sido un comercio de gran éxito. Se acabaría la crisis y la marca “España” adquiriría el esplendor que merece. Eso sí, los esclavos votarían (estamos en una civilización avanzada) cada cuatro años por el amo que prefirieran. Una democracia de esclavos. ¿Ha pensado alguna vez en esta opción, Sr. Rajoy? Seguro que sí. En ello estamos.

LA REINA DE LAS DOS LUNAS DE J.M. GARCÍA MARÍN POR MORALES LOMAS

LA REINA DE LAS DOS LUNAS DE J.M. GARCÍA MARÍN POR MORALES LOMAS
LA REINA DE LAS DOS LUNAS, ROCAEDITORIAL, BARCELONA, 2012.


          Desde la publicación de Azafrán, novela con la que alcanzó una gran repercusión, García Marín es uno de los escritores españoles que ha anclado sus naves literarias en las historias que tienen como protagonistas la cultura árabe y cristiana. Sobre Azafrán afirmé que era una visión idealizada (con mucho de cosmovisión complaciente) sostenida en un pensamiento y una erudición que conecta con lo mejor de la cultura judía y musulmana fundamentalmente. Después llegó La escalera del agua, a la que definí como una novela iniciática, de comienzo de la existencia vital, en la que el joven narrador y descendiente de moriscos, Ángel Castaño Crespo, nos explica su azarosa existencia una vez que asesina a un hombre que ha forzado a su hermana.
           En esas novelas tomaba como armazón estructural el viaje (un constructo creativo que puso de moda la novela bizantina) y ahora en su nueva entrega La reina de las dos lunas (Rocaeditorial, Barcelona, 2012) se lleva de nuevo a término con la historia del joven mijeño Estevan Peres, enamorado de la mujer del sultán de Fez, Yumana, con la que logra casarse tras una serie de peripecias muy novelescas que le dan profundidad y sentido a la obra.
            Es una intensa historia de amor (amor real en tiempos convulsos) que en las manos de García Marín adquiere un enorme interés pues es un perito en la construcción de lo esencial narrativo, en la verosimilitud de los personajes, en la imaginería y condición de ese mundo (costumbres, hábitos, formas de pensamiento, filosofía vital…), pero también en la organización de la estructura y en el manejo de la lengua. Es un producto literario en el que se nota la mano de la investigación histórica y sus continuas referencias a hábitos y costumbres de la época que permiten crear un mundo en el que visualizamos todos sus componentes y podemos penetrar con razón de ser en diálogos perspicaces y bien conducidos.
        Toma como base estructural la organización en capítulos. En total siete (el número mágico) que van desde el año 1518, fecha en que en la playa de Fuengirola es capturado por los turcos el joven Estevan para ser convertido en esclavo, hasta el capítulo siete en que tienen lugar los esponsales con la joven sultana ya cristianizada. Entre tanto, cada uno de los capítulos es una incidencia fragmentaria de la historia con los acontecimientos en torno a Fez, la ciudad donde finalmente llega como esclavo, la huida hacia España, la persecución a la que se ven sometidos por mandato del sultán que quiere darles muerte....
           La novela se va configurando por una serie de meandros internos que van mostrando las intrigas palaciegas, los intentos de asesinato del sultán (sobre el que hay todo un entramado que desea sus cabeza), la intervención casual de Estevan que salva a la sultana y los anuncios de la adivina de que finalmente vivirá lejos del harén en el que pasa su vida.
       Pero también la historia conforma el imaginario de una “cierta liberación de la mujer”. Yumana es una mujer rebelde que no está de acuerdo con su condición y desea vivir libremente, una vida propia y no una dictada por la sociedad y las costumbres de la época. Yumana se adelanta a ella y su valentía es el inicio de un tiempo nuevo. Dice la sultana: “No he nacido para ser una esposa más del monarca, depender de su humor o de su variable antojo (…) Yo soñaba con enamorarme de un hombre común (…) Ni estoy enamorada, ni deseo un hijo suyo; como tampoco envejeceré junto a él” (p. 119).
       La dificultad en la construcción de este tipo de obras radica en el exceso. Es fácil organizar situaciones secundarias, caer en el determinismo de la destreza. Pero el acierto de García Marín es su contención, su prevención, saber siempre qué cuerda ha de ser pulsada y durante cuánto tiempo. Hubiera sido fácil perderse en mil y una aventuras pero él logra introducir el punto de equilibrio en la narración de modo que todo fluye con naturalidad y contención narrativa.
        Aunque sabemos desde el principio que los enamorados van a conseguir su propósito, el secreto de la obra es la narración en sí, su gestación y sus procesos constructivos, pero también el pensamiento de los personajes que tiene tanta fuerza como la historia en sí. Pero junto a ello la intriga que, en un relato con estas condiciones exógenas, es fundamental. El acierto en su mantenimiento determinará el éxito del producto estético.

Visiones de Crisálida

Visiones de Crisálida

El poema que adjunto es del libro "Visiones de Crisálida", de Miguel Gómez Yebra. Tiene otras muchas, que también me gustan, pero había que elegir una. A veces conviene apartar la prosa y detenerse en la poesía.

 

     CÚPULAS

Las he visto ceñirse una nube en abril,

ajustarse campanas, sacudirse la nieve,

respirar horizontes en cualquier estación,

su aliento es frío y tiene niebla de catedrales

incienso, sombra, luto que trepó por los fustes.


Las he visto durmiendo pero no me invitaron,

de forma interactiva, al sueño de las cúpulas.

Siglos de cielos mustios, de rancias soledades,

aprendió ya la piedra a viajar por el tiempo,

tiene oscuros recuerdos de bosque, musgo, pájaros

que un día visitaron las lejanas canteras

hoy lugar pintoresco capturado un domingo

en las fotografías de turistas que muestran

las entrañas del mundo llenas de cicatrices.


Las cúpulas conocen la ruta de los gatos

en tejados que limpia la lluvia en el otoño

entre las chimeneas que recitan espectros

con mil volutas de humo, humo de arte mayor.


Las cúpulas conocen la danza de las grúas,

la danza de los hombres, la danza de una estrella,

el vuelo de periódicas, eternas golondrinas,

el canto de una monja, el roce de un murciélago,

el grito inconfundible y absurdo de un suicida.


Las cúpulas conocen la agonía del rayo

que hace temblar vidrieras en noches solitarias,

zarandea ajedreces sobre las tejas sucias

con alfiles de acero, parabólicas damas,

antenas que nos prestan dos horas de ilusiones,

realidad y ficción llenando todo el aire

con ondas al alcance de unos ojos vacíos.


Tendré que imaginarme el sueño de las cúpulas.

 

Castillo de la Calahorra - Antonio Enrique

Castillo de la Calahorra - Antonio Enrique

Muy cerca de Guadix, se encuentra el Castillo de la Calahorra. Esta es una zona morisca por excelencia, que conoce muy bien el escritor Antonio Enrique. Antonio escribió una novela sobre tres mujeres que vivieron en el castillo "Las praderas celestiales" y un artículo, que es el que transcribo, en parte, aquí:

Quien cubra la distancia Guadix-Almería, en plena ruta santa del Islam -pues en tiempos pretéritos los musulmanes acostumbraron a embarcarse aquí, rumbo a la Meca-, quedará a buen seguro asombrado cuando, a poco de la salida de la villa de Alcudia, tras atravesar un despeñadero en embudo, enfile una planicie inmensa, yerma, desolada, delimitada a la izquierda por las brumosas lejanías de la Sierra de Charches y al frente por la vertiente norte del Xolair (Sierra Nevada) que por aquel flanco cubre con su imponente y quebrado dosel la tercera parte del cielo.

Se trata de una estepa de más de 60 kms. de diámetro, una tundra a muy poca distancia del cálido mar sureño, Una gran taiga desierta, donde la nieve perpetua de las montañas remotas otorga al llano una luz inédita, incomprensible, como de ultramundo. Desde estas montañas, tenemos noticia de que bajaban, hasta el pasado siglo, osos a las aldeas; dato tanto más turbador porque, hasta hace trescientos años, esta llanura, este timbal de arena y greda, fue cruzada por camellos, de los que se han encontrado restos. En otoño, la estampa idílica del valle se consuma en la polvareda de los rebaños, pero en verano es tal la sequedad que a poco de poner pie en tierra, no es difícil sorprender algún escorpión. (Seguir leyendo...)

Fernando Pessoa - O guardador de rebanhos

Fernando Pessoa - O guardador de rebanhos

Poemas de Alberto Caeiro

Bendito seja o mesmo sol de outras terras

Que faz meus irmãos todos os homens

Porque todos os homens, un momento no dia, o olham como eu,

E nesse puro momento

Todo limpo e sensible

Regressam lacrimosamente

E com um suspiro que mal sentem

Ao Homen verdadeiro e primitivo

Que via o Sol nascer e ainda o não adorava.

Porque isso é natural – mais natural

Que adorar o ouro e Deus

E a arte e a moral...

Rafael Martín Masot

Rafael Martín Masot

Me voy de vacaciones, pero dejo aquí una poesía, la del principio de la novela de Rafael Martín, La luna eclipsada, que ya recomendé en su día. Volveré en diez o quince días. ¡Felices vacaciones a todos!

Crujidos en yunque con silencios 
me rajan sin sangre y sin aire 
cuando te alejas. 
A golpes secos me rompen, 
y llenan de llamas mis recuerdos. 
Arden de fragua sin fuego, 
de yerba sin tierra, 
de lunas sin cielos. 
Dicen vacíos, y callan, 
y desgarran, 
y cuentan de ayeres que no volverán, 
y mienten para olvidar. 
Crujidos en yunque con silencios 
me matan con las palabras 
que no te supe decir, 
y con las que un día asomaron por tus labios. 

 

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EL ALBATROS - Baudelaire (Traducción analógica de Ignacio Caparrós)

EL ALBATROS - Baudelaire (Traducción analógica de Ignacio Caparrós)

Por divertirse, a veces, suelen los marineros

Cazar a los albatros, aves de envergadura,

Que siguen, en su rumbo indolentes viajeros,

Al barco que se mece sobre la amarga hondura.

 

Apenas son echados en la cubierta ardiente,

Esos reyes del cielo, torpes y avergonzados,

Sus grandes alas blancas abaten tristemente

Como remos que arrastran a sus cuerpos pegados.

 

¡Este viajero alado, oh qué inseguro y chico!

¡Hace poco tan bello, qué débil y grotesco!

¡Uno con una pipa le ha chamuscado el pico,

Imita otro su vuelo con renqueo burlesco!

 

El Poeta es semejante al príncipe del cielo

Que puede huir las flechas y el rayo frecuentar;

Entre mofas y risas exiliado en el suelo,

Sus alas de gigante le impiden caminar.

 

Guadix, dormida en el tercer día de la Creación - Antonio Enrique

Guadix, dormida en el tercer día de la Creación - Antonio Enrique

“...la bisagra misma, la vida con la muerte, lo que se ve con lo que no puede verse, lo que pesa y sin embargo está ingrávido. Pues todo está suspendido, como la fotografía quieta de una catarata de barro o bronce fundidos, o la de un maremoto de tierra que avanza y se detiene. Y éste es su silencio, el rumor que queda de un ruido pavoroso, sucedido hace millones y millones de años.

El paisaje de Guadix es la gran osamenta que sobresale de la tierra. Parece un catafalco, entre los muros que la encajonan. Arriba del todo, algo se mueve. Es blanco, empinado y perpetuo: la sierra más alta de la Península. Sierra Nevada, la Solaria de nuestros antepasados, se yergue por detrás a semejanza de una corona de eternidad. Ese blanco absoluto de las nieves, y los picachos que sobresalen, los de su abrupta y rielante cara norte, no pueden verse si se mira a la ciudad desde los cerros, pues ésta se despliega y reclina en dirección opuesta; se la ve, se la siente, la nieve de la majestuosa cordillera, en la luz. Una luz que reverbera, reverbera con tal ímpetu que chispea, escuece sobre los ojos como si fuera espuma salada. La luz engarza con todas las meditaciones que el paisaje suscita; pues dijérase que no proyecta sombra bajo el cuerpo, tan vertical fluye desde arriba, y tan potente que, dijérase otra vez, corroe toda sombra.

Nada puede dar idea de este paisaje cavernario, más propio de titanes y dioses, de monstruos fabulosos, de gigantes y enanos, que de gentes humanas como nosotros. Un día aquí reproduce el tránsito de toda una vida. Porque el tiempo aquí no corre, no está, no lo hay, y así, imperceptible, va tan despacio que puede ser y recordar simultáneamente, como hecho, el tiempo, memoria, memoria fósil del pasado recóndito, y memoria viviente del instante mismo, el instante mismo de su inminente contemplación agónica. No sé este paisaje, no sé: apasiona y no encadena, enciende y no quema, seduce, pero no obsesiona, con esa sequedad híspida, terminal, que nos devuelve a la condición adánica de cuando fuimos barro, cieno, limo. Este monstruoso tumulto de arcilla, este anfiteatro extremo, esta planicie que se horada en sí misma, este vértigo mareante, sume a quien lo contempla en un estado de compulsión que luego da en quietismo, en afán de no existir para sentirlo todo con otras potencias que no las sensitivas y corporales...”

"Un NOSEQUÉ de agradable en las flores de plástico" Andrés Sopeña

"Un NOSEQUÉ de agradable en las flores de plástico"  Andrés Sopeña

MUÑECOS

 

Yo creo que va a ser un auténtico exitazo. Como ya lo fue el flatulento de las navidades pasadas, el que se había pe­dido, que decía la niña del anuncio; y como antes lo ha­bían sido el asquerosín que moqueaba, o el guarrete que soltaba eructos. Este muñeco que te mea en la cara en cuan­to te acercas es un hallazgo; no me cabe la menor duda.

       Es que hay que ver lo que es el progreso, oye. Que me acuerdo perfectamente de la muñeca que tenía mi hermana, tan simplona y rígida, que se limitaba a cerrar los ojos y soltar un balido cuando la acostaba. Cierto es que la muñe­ca en cuestión agarró una alopecia galopante y hubo que recomponerla con pegamento, que quedó de espanto; pero era un defecto de fabricación, como lo del ojo, que solo se le cerraba uno, y te daba como grima mirarla; que mi her­mana es psicóloga infantil y digo yo si no habrá relación con aquello.

No obstante, yo creo que a los muñecos de ahora les sigue faltando un pelín de naturalidad. Porque es realmente educativo y socializa lo más grande que caguen, moqueen, meen y eructen; e incluso que cojan carretera y manta y se dirijan al Portal. Pero los niños de verdad hacen todo eso cuando les da la gana. Lo que significa que, así como el que no quiere la cosa, podríamos estar formando a una genera­ción de padres incapaces de comprender, absoluta­mente perplejos ante un mamoncillo que ha apestado el dormitorio a las tantas de la madrugada sin que se le haya apretado un muslito previamente. Por eso, y en nombre del por­venir de la raza, sugiero a los fabricantes algo tan simple como el añadir un temporizador aleatorio al mecanismo de sus criaturas, de manera que cuando uno menos se lo espere, el muñeco monte un auténtico clamor pediéndose incesantemente, o anegue a la niña con una meada especta­cular, mientras ésta duerme tiernamente abrazada a él. Eructos y pedetes podrían oler, y los mocos podrían alter­narse, ora claros, ora verde viscoso. En este último supues­to se 1e podría añadir también una tos cavernosa, y flemas. Ya puestos a sugerir, para los niños recientes que se hayan perdido los modelos anteriores podría crearse Escatologín, un muñeco que compendie toda clase de marranadas y me los ponga al día. Saldría caro, pero no deja de ser una inversión educativa; y con los niños no hay que reparar en gastos, que habrán de pagarnos las pensiones.

Por ideas no ha de quedar. ¿Para cuando un muñeco que te suelte una patada en la boca cuando lo eleves por encima de la cabeza? No creo que sea problema, eso con un altímetro... Y podría llevar un conmutador, y que a los va­rones 1a patada se la soltara en otra parte. Y Nietecín el muñeco que se endilga a las madres cuando las niñas se van con las amiguitas; y Cabroncete, el muñeco que molesta a todas horas, particularmente en restaurantes y playas, ante la indiferencia de los niños propietarios; y Mi pichilla, el muñeco para niños machistas; y Litroncín, y Reglita...

Será por ideas. Tiempo al tiempo.

 

REY DE REYES Belén Juárez

REY DE REYES    Belén Juárez

                                                 A los dirigentes del planeta

 

Desde qué asombroso estado 
el misterio del tenebroso movimiento 
alcanza la conciencia 
dejando el alma 
al amparo del Ser de la Noche... 
 
Noche se define como espacio 
de nuestra propia sangre negra, 
como habitáculo que invita 
a los ojos del que no está, 
y se nos manifiesta... 
 
Noche, donde se alcanzan 
movimientos de placer 
a través de la más cruel de las sinfonías, 
Noche, lugar donde el rojo destello 
convertido en caballo, 
vibra y nos besa el misterio más cierto, 
más acertado, más real, más incesante, 
más inequívoco a la cercanía de su zarpa... 
 
Tener la presencia de su entorno en nuestro cuello,
sus alas de atrevido y fétido aire, 
solapando su amor con la cubierta de nuestra piel... 
 
Vino..., 
hasta el lugar de las luces, 
murió siendo serpiente del Edén, 
resucitó entre los tiempos de todos los cadáveres benevolentes, 
respiró el aroma de todas las guerras, 
desapareció para los incrédulos, 
se hizo inteligente en el Mundo, 
creó su propia estirpe, con rabo, cuernos, y garras... 
 
                       Todo esto yo lo sé... 
Hoy se encuentra frente a mí, 
deseando coronarme con su semen, 
sin embargo..., no advierte en su torpeza, 
que...... AZRAEL, soy Yo. 
 

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LA ENTREGA Ignacio Caparrós

LA ENTREGA     Ignacio Caparrós  

Quiero arder, abrasándome en mis versos,

como un dios que ha elegido su agonía.

Yo te ofrezco, Señora, los diversos

mundos que fui creando cada día.

 

Por que luzcas mis gemas más brillantes,

por que vengas a mí, como una novia,

yo te ofrezco, Señora, mis instantes

y ese afán de fijarlos, que me agobia.

 

Porque sé que, al besarme, sólo quieres

sofocar esta llama que me alumbra,

desnúdame, Mujer entre mujeres,

Señora del silencio y la penumbra.

 

Y bésame despacio, más despacio...

Y cúbreme de besos hasta el alma...

Y llévame a vivir en tu palacio,

donde dicen que todo queda en calma.

 

Después de haber gozado, sólo un sueño

sin retorno me aborte en tus caderas.

Mi cuerpo junto al tuyo, ya sin dueño,

mi espíritu sin mí, sin las hogueras

 

de aquel fuego en que ardí, por ser del humo

indicio de una llama y de su suerte.

A ti, Señora, entrego cuanto asumo,

mas nunca asumiré, mi Amor: mi muerte.

 
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