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José Manuel García Marín

Cuento

Cuento

 

Este cuento lo escribí para la Asociación de acogimiento "Hogar Abierto". Les animo a que lean el resto, comprando el volumen 2 de "Hijos y Héroes". En él encontrarán nueve cuentos más de otros tantos escritores, que también han cedido sus derechos en beneficio de dicha asociación. Se vende a 12 € en las librerías: Luces, Rayuela y Proteo.

El leñador

                            Por José Manuel García Marín


     Duerme. El pequeño rostro, enmarcado de suaves ondas de pelo negro, descansa relajado. La luz, en penumbra, proyecta la tenue sombra de las pestañas sobre sus mejillas, ahora gordezuelas. Los labios semiabiertos como si aún esperasen el biberón, desechado un par de años atrás. Todavía algún espasmo sacude el cuerpecillo, enfundado en el pijama de minúsculas florecillas rosas y blancas. Cogida a mis dedos, de vez en cuando siento cómo los aprieta, por asegurarse de que estoy junto a ella, velando su sueño. Porque es una presión rápida, que confirma y, aliviada, se destensa. Prefiere mi mano al mono de peluche, descuidado, aunque a centímetros de su carita, en la almohada, con la sempiterna sonrisa que diríase estupefacta y las patas delanteras ofrecidas, paralizadas, en un amago de abrazo permanente.

     Hasta mí llega el olor infantil, del jabón del baño, de la colonia y, debajo de ellos, un aroma más cálido, el de la ternura de su piel y de su carne de niña.

     Por fin ha ganado peso. Cuando vino a nosotros, como padres de acogida, no alcanzaba los catorce kilos. Los nervios, quizá el miedo, no le permitían comer. Nos miraba con los ojos asombrados. No entendía, más que las palabras, el tono. Y es que el nuestro era un tono cariñoso, al que ella no estaba habituada. Ella sabía de golpes, de espantos, de gritos... de dolor y llantos. Casi no hablaba, no decía su nombre. Pero ¿qué más da un nombre? Ella reúne todos los nombres de los niños que sufren o han sufrido.

      Cerca, enroscado a los pies de la cama, ronronea el gato, al que debemos su sonrisa. El mismo que le pareció amenazador y al que ahora acaricia, interminablemente, paseando la blandura de sus yemas por la superficie del pelo, sólo las puntas, sin jamás hundirlas hasta la piel, por temor, acaso, a que se rompa o pudiera estropearse, admirada de la prodigiosa suavidad del animal...

 

Felicidades

Felicidades

Homero y los reinos del mar

Homero y los reinos del mar

 

    Ayer, día 26, a las 20:00, tuve el placer de presentar la nueva novela de José Ferrer, en la FNAC de Sevilla, «Homero y los reinos del mar».

    «Homero y los reinos del mar», a grandes rasgos, es un viaje en medio de un tiempo de transición de la humanidad. El argumento se desarrolla entre el fin de la cultura micénica y el comienzo de la civilización griega. Una Edad Oscura, un período en el que la escritura desaparece y el mundo retrocede avasallado por los llamados Pueblos del Mar y la irrupción de los dorios, bárbaros antepasados de espartanos y atenienses. Instalado en ese paréntesis tenebroso, de siglos, en el que previamente ha caído Troya y se han desmoronado los centros de poder como Micenas, Creta y el imperio Hitita, José Ferrer proyecta un sutil mensaje, acaso subliminal, de alerta ante el peligro de los nuevos bárbaros de hoy que, como entonces, atentan contra las conquistas políticas y sociales alcanzadas con tanta sangre y esfuerzo de nuestros antepasados.

     Esa época, esa fase estéril del hombre, constituye una base de asiento del esqueleto de la novela, una de las dos ideas principales motivadoras del argumento. La otra es nada menos que la exposición del origen de Tartessos, que el autor, dejando de lado las fabulaciones sobre la Atlántida, Fenicia o las migraciones desde Cornualles, atribuye a la razonable hipótesis de que surgiera como colonia de Focea, basándose en la relación de amistad y alianza entre Jonia y dicha ciudad con el extremo suroriental de la península ibérica, más allá de las columnas de Hércules, y las concomitancias de lengua, fabricación de objetos de culto, como los «obeloi», o la veneración a diosas como Astarté, que no es más que la Hestia jónica.

 

Hijos y Héroes 2

Hijos y Héroes 2

 

Ayer se presentó en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés, el volumen 2 de «Hijos y Héroes», en el que diez autores malagueños hemos colaborado gratuitamente con un cuento, en solidaridad con la admirable causa de la asociación de acogimiento «Hogar Abierto», coordinadora de la labor de las familias ("los Héroes"), que se prestan a acoger en sus casas a menores que, por una causa u otra, carecen o no pueden permanecer en su núcleo familiar.

Al acto asistieron el presidente de «Hogar Abierto», Alberto Peláez, el presidente honorario, Carlos Álvarez -el famoso barítono malagueño-, la delegada del Gobierno, María Gámez, la delegada de Igualdad y Bienestar Social, Amparo Bilbao y Jaime Aguilera quien, además de escritor, está al cuidado de la edición.

También estuvieron presentes los diez escritores: Jaime Aguilera, Pablo Bujalance, Juan Gaitán, Alicia Marchant, Felipe Navarro, Andrés Reina, Miguel Torres López de Uralde, José Antonio Trujillo, Carlos Verdier y yo mismo, con el cuento "El leñador".

Está en librerías al precio de 12 €, como donativo para la asociación.

 

 

 

Manuel Mujica Laínez

Manuel Mujica Laínez

Diario La Opinión de Málaga de 10/10/2009

Un novelista en el Museo del Prado

Por José Manuel García Marín

"A poco que cae la tarde y empieza a anochecer, los personajes de las pinturas y las estatuas del Museo del Prado, se desperezan y sacuden. Durante el día entero, permanecieron inmóviles, dentro de sus marcos o encima de sus pedestales, para admiración y tranquilidad de los turistas. Nadie, ni el estudioso más avizor, pudo advertir alguna mudanza en sus actividades a menudo embarazosas, tan habituados están a cumplir con la plástica tarea que les asignó la imaginación de sus creadores.

Entonces descabalga el feroz caballero y cesa la fuga, en los óleos de Sandro Boticelli, suelta Velázquez el pincel, y las Meninas se frotan los brazos entumecidos, aletean los ángeles del Beato, de Van der Weyden, de Memling, de Correggio, de Tiépolo, se echan a volar, y concluyen posándose en las cornisas, donde dialogan con los extraños pájaros del Bosco...".

Así arranca un relato que sólo podía construir un maestro como Manuel Mujica Laínez y que, por fortuna, recupera la editorial BELACQVA, dentro de su colección La otra orilla, con su título original: "Un novelista en el Museo del Prado".

Como indica el propio autor en la introducción, el novelista es invitado de privilegio, si bien él mismo ignora el porqué, a estar presente durante una serie de noches dentro del recinto del Museo del Prado y, como tal, testigo único, mudo, de los sorprendentes acontecimientos y peripecias que suceden al oscurecer, cuando el museo cierra sus puertas.

Ese es el momento esperado para volver los personajes de los cuadros a la vida, en la tranquila seguridad de que no serán descubiertos, lejos ya, los visitantes, del edificio de Villanueva. Entonces se reúnen, dialogan, discuten, incluso rivalizan en un concurso de elegancia, para descansar, interrumpir la inacción, el hieratismo a veces, a que están obligados por el día, en tanto son observados, y combatir el anquilosamiento de sus miembros.

Mujica distribuye en esta edición, de 137 páginas, doce historias fascinantes, en las que se aúna la imaginación del novelista, con un profundo conocimiento del arte y de los grandes pintores, algunas de cuyas obras llevan expuestas en el museo desde 1819. Naturalmente, se trata de un libro que ofrece una particular visión de las escenas representadas en las telas de la pinacoteca. A él podremos recurrir en todas las ocasiones en que deseemos disfrutar de una mirada distinta y erudita. Sin ninguna duda, aconsejo al lector que use los libros de arte de que disponga o, en su defecto, se sirva de las nuevas tecnologías y utilice los buscadores de Internet, para contemplar los cuadros a que se refiere Manuel Mujica, mientras se deleita con sus descripciones.

En definitiva, es una narración que merecería haber sido escrita sobre un lienzo, en la que cada palabra es un color, que desprende olor a pintura, a óleo centenario, y los párrafos están cargados de líneas, de volúmenes, de sombras y de figuras. Para recrearse, en suma, con la plástica y con el placer estético del lenguaje.

 

Salamanca: la ciudad dorada

Salamanca: la ciudad dorada

 

    Una ciudad monumental no puede verse en dos días. Bueno, sí, si lo que pretendemos es tener un embrollo de conventos, fachadas, claustros, palacios, etc., imposible de aclarar en el recuerdo. También es cierto que estoy contando con que nos interesen esas cosas. Mucho imaginar, me temo, porque al turista medio sólo le importan como prueba, en sus cámaras de fotos, de que han estado allí, cara a sus amigos. La fotografía, en esos casos, es un botín, un trofeo de caza, "fotos-cadáver", creo que es más acertado llamarlas; porque, en el fondo, les da igual si la escalera es la que Soto pidió a Gil de Hontañón o si fue al contrario. "¿Y en dónde estaba? ¡Ah!, no sé, pero he encontrado la rana en la fachada de la Universidad". Ya lo decía Unamuno: "Lo malo no es ver la rana, sino sólo ver la rana".

    No, no, Salamanca se merece el detenimiento. Hay que saborearla, extasiarse frente a la catedral Nueva y, luego, delante de la Vieja; apreciar el plateresco de la Casa de las Conchas, sus ventanales, sus rejas, esplendor de la forja gótica... Y volver, volver de nuevo, que algún detalle se nos habrá escapado. Después, tarde ya, sentarse en la Plaza Mayor a esperar la brisa refrescante, que acude, infalible, como a una comprometida cita. Y es que la tiene, la tiene con la luz, que a eso de las nueve ilumina las lámparas de los pórticos. No de golpe, en sucesión de hileras. A los pocos minutos, por último, y de repente, se encienden a la vez todas las luces de las fachadas y se escucha un clamor de admiración que silencia lo demás, que todo lo paraliza. Es un segundo, acaso dos, y enseguida regresa el bullicio de esa plaza barroca y viva.

    No obstante, en toda felicidad se cuela, siempre, un elemento discordante. Es la piedrecilla en el zapato, la espina de la rosa. En esta ocasión, las dos llamadas diarias del 1485 a mi móvil. Yo, inconmovible, las rechazaba. Ellos, infatigables, casi puntuales, las repetían en la jornada siguiente. Así, cinco o seis días. Hasta que, de súbito, cesaron. Al principio sólo fue un aviso de la memoria, quizá una alarma al quebrarse la rutina, a todo nos acostumbramos. Hoy no me han llamado -pensé-, y no le di más importancia; pero, al día siguiente, tampoco. ¿Se habrán olvidado de mí? -reflexioné, ya con cierta inquietud poco a poco transformada en desasosiego, pues, sin querer confesarme la razón, miraba de vez en cuando el móvil, por si no lo había oído y encontrara, en la pantallita, el mensaje de la anhelada llamada perdida-. Se abría un inesperado vacío que, con el transcurso de las horas, se convertía en una profunda y angustiosa sima. No digería bien y dormía alterado, me despertaba sudoroso e irritado y padecía serias tentaciones de ser yo quien les llamara, para reclamarles: "¿Por qué han dejado de importunarme?"; pero, en un ejercicio, estoico, de disciplina, pude sustraerme a ellas. ¡Ya no cuentan conmigo! -me lamenté una mañana, herido, al borde de la depresión-. Tuvieron que calmarme en el hotel. Vuelva, vuelva a sentarse en la Plaza Mayor, ya verá cómo se le pasa -fue el sabio consejo del experimentado y amable recepcionista.

    Llevaba razón aquél hombre. Junto al velador, con un agua mineral sin gas y unas patatas fritas, en pleno arrobamiento de frescor, de luces, de gente y de arte, razoné: "Pues sí, se vive mejor sin el 1485".

 

La Alhambra, estática nave del esplendor

La Alhambra, estática nave del esplendor

Este artículo ha sido publicado en el nº 37 de la revista trimestral "El legado andalusí". Me atrevo a recomendar esta revista porque contiene una magnífica calidad, tanto en fotografías como en sus artículos, fruto de un trabajo realizado a conciencia. Como estoy suscrito, sé que su precio es de 16€, al año, por cuatro números y da derecho a dos atrasados. Para quienes tengan interés, pueden dirigirse a: info@legadoandalusi.es

Hay actos que no requieren una previa disposición de nuestra parte; menos de los que pensamos, sin duda, pero aceptaremos que no se necesita una actitud especial para entrar -pongamos por caso- en una galería comercial, un estadio o en un supermercado. Sin embargo, incurriríamos en un grave desacierto, si adoptáramos la misma conducta, al visitar aquellas obras que el hombre ha erigido como monumentos a lo más venerable de sí mismo, a lo sagrado.

Es cierto que es difícil escapar a la influencia del apresuramiento en que vivimos, pero merece el esfuerzo evitarlo, porque la vorágine de premura constriñe nuestra mirada a un mero examen, un sencillo ojear, e impide toda contemplación. ¿Podemos adentrarnos en ese Arca de Noé de la Historia, que es la Alhambra, con tal ligereza? ¿Es admisible subir a bordo de esa nave que tiene un bosque por mascarón de proa, dedicándole uno sólo de los sentidos?

La ausencia de ceremonia, aquí, trivializa el alcance de sus finalidades y se torna irrespetuosa, insolente. Claro que, transgredir la norma, lleva implícito el castigo: no escucharemos su latido, ni sus ritmos, ni percibiremos sus armonías. Debemos ajustarnos, primero, a lo cronológico y comenzar por la fortaleza, que no es más que eso, pero que muestra orgullo de adarves, de almenas y de alturas que proclaman, desde la Torre de la Vela, el dominio de una urbe cuyo fuego, elemento al que pertenece esta Granada, únicamente atemperan las cumbres nevadas de la vieja Sulayr. Sin embargo, es en esta alcazaba, conforme finalizamos el paseo por el adarve de la muralla, donde -ya se sospecha aquí, acaso se presiente o se huele- tendremos el primer encuentro con el agua de fuentes y alfagras. El agua, esa estola cristalina de su femenino atalaje con que se ciñe, hermoseada de resplandores, de oscuros fulgores en las umbrías o de meteoros de plata cuando, de la luz, exige, inapelable, su feliz desposamiento.

Para continuar, pinchar aquí

A vueltas con la convivencia

A vueltas con la convivencia

    Siempre andamos dándole vueltas al tema de si había una buena convivencia, o no, en la época hispano-musulmana. Los que la niegan, absurdamente (y nadie dice que fuera idílica), supongo que pretenderán con ello justificar la apropiación cristiana de las tierras de al-Ándalus. Algo así como: "Dado lo mal que os lleváis, ya nos quedamos nosotros con vuestro bienes, que sabremos cómo hacer para que no discutáis entre vosotros". Quizá el último vaquero americano que llegó al poder, hombre de muy vasta (¿o basta?) cultura, quiso reproducir aquella historia y, bondadosamente, les hizo el favor a los iraquíes de democratizarlos. Favor por el que, los supervivientes, he de creer que le han quedado muy agradecidos. Pero, volviendo a nuestra historia, ¿se pueden erigir monumentos de la talla de la Alhambra o de la Mezquita de Córdoba, y tantos otros mientras nos damos de bofetadas unos a otros? Fíjense, a ver si los palestinos, ahora, se entretienen en eso. Y otra cosa: ¿alguien se ha preguntado cómo se llevaban los reyes cristianos, por ejemplo? Porque a mí me suena que se mataban, un poquito, por la vía de la guerra, del puñal traidor o del envenenamiento. Al pueblo no, al pueblo, ya en manos cristianas, se le incineraba a destiempo; es decir, antes de morirse.

    En fin, todo esto viene porque quiero recomendar el artículo de José Luis Corral Lafuente, escritor y catedrático de Historia Medieval, aparecido recientemente en ABC.es. Aquí dejo el vínculo

 

Feria del Libro de Málaga

Feria del Libro de Málaga

Me gusta participar en las ferias del libro. Es la ocasión de conocer personalmente a mis lectores y saber de sus opiniones. Las impresiones que me dejan son imborrables; no hay que olvidar que es para ellos para quienes escribo, y que un libro adquiere el último término de su objetivo cuando es, por fin, leído. Sólo entonces está finalizado; fuera de las manos de su autor, en las del lector. La interpretación que hace éste, ¿es una prolongación, ya incontenible, del trabajo del escritor? ¿Es, por tanto, una labor no sincrónica pero a dúo, en colaboración? Si es así, el lector es cómplice del literato en el libro vivo.

Pues bien, firmé ejemplares para mis "cómplices", y cambié impresiones con ellos, en Málaga, en las fechas siguientes:

En la caseta de la librería Prometeo, el 1 de mayo de 19:00 a 21:00

En la caseta de la librería Luces, el día 3 de mayo de 19:00 a 21:00

En la caseta de librería Lafer, el día 8 de mayo de 19:00 a 21:00

 

Feria del Libro - Motril

Feria del Libro - Motril

     El sábado, 25 de abril, firmé ejemplares en la Feria del Libro de Motril, en la Plaza de la Aurora. La feria comenzó el sábado 18, con actividades diarias: cuentacuentos, títeres, lecturas, presentaciones, etc. Me invitaron a participar en ella las librerías Evasión y Cervantes, que compartían caseta. Como siempre, lo pasé muy bien. Tampoco era difícil, si tenemos en cuenta lo amables que son los propietarios de ambas librerías.

 

 

 

 

 

 

 

La espada de Miramamolín

La espada de Miramamolín

El día 17 de abril, a las 20:00, en la librería Luces de Málaga, presenté la novela de Antonio Enrique "La espada de Miramamolín". Estuvieron presentes la directora de Roca Editorial, Blanca Rosa Roca y el propio autor.

El personaje principal de esta novela histórica, don Carlos Fernando de Austria, hijo natural de Felipe IV y, por tanto, hermanastro de Carlos II «el hechizado», relata sus días desde el instante en que es enviado (exiliado, en realidad) a Guadix, con un acta de canonjía seglar por designación regia, en compañía de su hija, Mariana; ocasión ésta en la que el rey le regala la espada con que jugaban en la infancia, justo antes de su partida.

Con ayuda de imágenes, pudimos analizar el famoso cuadro de Las meninas, que tiene un importante lugar y significado en el relato.

Esta es una novela de alta calidad, en la que los personajes, la documentación, el lenguaje y los escenarios están muy cuidados, como es habitual en Antonio Enrique. En definitiva, es una obra que rebasa la expectativa del entretenimiento para regalarnos con el placer de la literatura.  

 

 

 

El puente que fue romano

El puente que fue romano

 

     Siempre me ha parecido un misterio el hecho de que las ideas más estúpidas, más ramplonas, sean las que con más facilidad -y con celeridad, diría- se ponen en práctica. Sólo acierto a imaginarme una reunión en una sala de consejos donde, todos borrachos, únicamente se aceptara el estólido proyecto de aquél capaz de levantarse, a pesar de la dificultad que conlleva el consumo desmedido del alcohol, acaso como premio a su virtuosismo en cuanto a mantener el equilibrio.

     Un ejemplo de estas luminosas ideas ha sido la "ejemplar" restauración del puente romano de Córdoba, al que algún cordobés, con el humor con que los andaluces nos tomamos lo irremediable, ha bautizado como "el puente IKEA", en un alarde gráfico-descriptivo imposible de superar.

     Es cierto que, el puente, no estaba en las mejores condiciones y que necesitaba una restauración que, si bien rima con destrucción, no es suficiente la consonancia para llevarla a cabo de manera tan resuelta. Creo. Claro que, yo no bebo.

     En definitiva: han cortado el tráfico del puente (la única medida feliz); pero, han sustituido los pretiles por unos nuevos, muy asépticos, ellos, que parecen de plástico; han colocado una solería (de industrial, la ha calificado otro cordobés), que dan ganas de encerarla. Ya, ya, que los adoquines que tenía no eran romanos. Es verdad, pero ¿y haberlo empedrado, como tenían por costumbre aquellos padres de nuestro pasado? Y, lo mejor, han eliminado las farolas (tampoco romanas, claro) por unos "bellos fanales", que dice el informe ICOMOS, situados en pleno suelo, que nos aproximan más al histórico pasado, cuando los carros y rebaños atravesaban el puente con delicadeza extraordinaria para no llevárselos por delante. ¿No es fantástico? Y sólo por 13,5 millones de euros (2.246.211.000 Pts.). Eso es lo que ha costado este magnífico diseño/chapuza que, además, ha conseguido aunar las opiniones de IU y del PP, en contra, naturalmente. Deberíamos celebrarlo. Yo mismo, esta vez lo merece, me tomaría una botella entera de Montilla, trataría de levantarme del asiento -la aceptación de mi idea me iría en ello- y brindaría por tirar al brillante arquitecto, a los que han aprobado tan sublime proyecto e incluso a sus ejecutores, desde esos novísimos pretiles del puente, con una pesada piedra colgada de sus cuellos en la que, previamente, se hubiera grabado la fecha de la inauguración. ¿Nos tomamos una copita?

Para leer el informe ICOMOS:

http://josemanuelgarciamarin.blogspot.com/2009/03/el-puente-ikea-de-cordoba.html

 

 

Paralelo36. Un espacio plural de pensamiento político andaluz.

Paralelo36. Un espacio plural de pensamiento político andaluz.

     El 26 de febrero se presentó en la Fundación Andaluza de la Prensa, de Granada, la revista digital PARALELO36, de periodicidad trimestral. Actuó de presentador del acto José Luis Serrano, miembro del consejo de redacción, quien informó de los objetivos de esta iniciativa virtual, que, como instrumento de encuentro, viene llamada a cubrir la necesidad de crear un espacio común de debate y reflexión política en Andalucía.
     El nombre de la revista, a la que se accede en la dirección www.paralelo36.org, se toma del paralelo que, en efecto, atraviesa la Isla de las Palomas, al sur de la ciudad de Tarifa; es decir, en pleno Mediterráneo. De esta manera, se presta a la metáfora, volcada en la grandeza de nuestro mar (medi terraneum: mar en el medio de las tierras) en cuanto a cuna de la cultura, de civilizaciones y de permeabilidad entre éstas.

     Entre otras cuestiones, se hizo especial hincapié en la actual crisis del sistema, pero como síntoma, no como causa, para que, ante la percepción por parte de los andaluces de la escasa resolución de sus problemas, desde los instrumentos de representación política existentes, sea el momento de formular reivindicaciones de aspectos esenciales para la sociedad, como la recuperación de la ética social, la ciudadanía activa, y del pluralismo como un valor, en contra del pensamiento único. Igualmente se informó de que, con la pretensión de rebasar la limitación periódica, se ha abierto el blog http://paralelotreintayseis.blogspot.com, que complementa a la revista y la dinamiza con foros, artículos, comentarios, etc.

IV Jornadas de Historia y Novela Histórica de Almuñécar

IV Jornadas de Historia y Novela Histórica de Almuñécar

Hoy, 5 de febrero, por la tarde, comienzan las IV Jornadas de Historia y Novela Histórica de Almuñécar que continuarán durante todo el viernes y la mañana del sábado, patrocinadas y organizadas por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Almuñécar y coordinadas por el escritor José Calvo Poyato.

El acto de apertura lo inaugurará su alcalde, Don José Benavides Yanguas y participarán: D. J. J. Armas Marcelo, escritor, D. David Trías, editor, D. José Calvo Poyato, catedrático de Historia y novelista, D. Antonio Enrique, catedrático de Literatura, ensayista y novelista, D. José Esteban, crítico, novelista y ensayista, Dª Isabel Margarit, Doctora en Historia y directora de la revista «Historia y Vida», D. Juan Ramón Barat, profesor de Literatura y novelista y D. José Carlos Somoza, novelista. 

 

 

 

Visiones de Crisálida

Visiones de Crisálida

El poema que adjunto es del libro "Visiones de Crisálida", de Miguel Gómez Yebra. Tiene otras muchas, que también me gustan, pero había que elegir una. A veces conviene apartar la prosa y detenerse en la poesía.

 

     CÚPULAS

Las he visto ceñirse una nube en abril,

ajustarse campanas, sacudirse la nieve,

respirar horizontes en cualquier estación,

su aliento es frío y tiene niebla de catedrales

incienso, sombra, luto que trepó por los fustes.


Las he visto durmiendo pero no me invitaron,

de forma interactiva, al sueño de las cúpulas.

Siglos de cielos mustios, de rancias soledades,

aprendió ya la piedra a viajar por el tiempo,

tiene oscuros recuerdos de bosque, musgo, pájaros

que un día visitaron las lejanas canteras

hoy lugar pintoresco capturado un domingo

en las fotografías de turistas que muestran

las entrañas del mundo llenas de cicatrices.


Las cúpulas conocen la ruta de los gatos

en tejados que limpia la lluvia en el otoño

entre las chimeneas que recitan espectros

con mil volutas de humo, humo de arte mayor.


Las cúpulas conocen la danza de las grúas,

la danza de los hombres, la danza de una estrella,

el vuelo de periódicas, eternas golondrinas,

el canto de una monja, el roce de un murciélago,

el grito inconfundible y absurdo de un suicida.


Las cúpulas conocen la agonía del rayo

que hace temblar vidrieras en noches solitarias,

zarandea ajedreces sobre las tejas sucias

con alfiles de acero, parabólicas damas,

antenas que nos prestan dos horas de ilusiones,

realidad y ficción llenando todo el aire

con ondas al alcance de unos ojos vacíos.


Tendré que imaginarme el sueño de las cúpulas.

 

Un hombre de respeto

Un hombre de respeto

Partió un hombre este noviembre... alguien que se enamoró del brillo de unos ojos de mujer. Doy fe de que eran bellos y de que -arrojaban chispas, decía- despedían centellas de fantasía, de cariño, de ilusiones. Él supo conquistarla, reanudando su batalla cada día durante más de cincuenta años. Hasta los últimos alientos de ella, si esos ojos destellaban, llameaba él. Así, cuando su vida se agotó, él acabó por apagarse. De sus tres hijos, el varón fue mi amigo mucho tiempo, mucho, pero la muerte, inesperada, se atravesó entre ambos.

Siempre fue educado, servicial, generoso y cabal. Sé que en momentos económicamente duros de este país, y a pesar de tener un trabajo digno y suficiente, no se le cayeron los anillos, ni dudó un instante, en vender juguetes en las aceras de la plaza de la Constitución (entonces de José Antonio), por estas fechas, para colmar de regalos a los suyos. Eso, entre otras muchas cosas, a mi parecer, lo revela tierno y lo hace admirable.

Su existencia ha sido muy importante, necesaria, a mi experiencia. Ya se ha ido, pero en su camino estaba yo, y, claro, queda en mi.

 

Feliz 2009

Feliz 2009

El tesoro de los nazareos

El tesoro de los nazareos

El martes, 10 de diciembre, a las 20:00, presenté en la Librería Luces el libro de Jerónimo Tristante, El tesoro de los nazareos, editado por Roca Editorial.

Jerónimo es autor de otras novelas:  «Crónica de Jufré», «El Rojo en el Azul», «El misterio de la casa Aranda» y «El caso de la viuda negra». Ahora agrega, con ésta, de misterio, otro nuevo título a su obra. Es un enamorado de la lectura y tiene como objetivo enamorar con su escritura. Yo creo que lo consigue, como creo que merece la pena conocerlo en persona, porque tiene muchas, muchísimas, cosas que decir.

 

 

 

 

Placeres Reales. Reyes, reinas, sexo y cocina

Placeres Reales. Reyes, reinas, sexo y cocina

El martes, 25 de noviembre, a las 20:00, presenté en la Librería Luces el libro de Toti Martínez de Lezea, "Placeres Reales. Reyes, reinas, sexo y cocina". La autora asistió al acto y pudimos hacerle todo tipo de preguntas, así como firmó ejemplares para todos los que lo desearon. Quienes la conocen ya saben que es una persona simpática, divertida y muy creativa: Verdaderamente fue un acto entretenido y muy interesante en el que lo pasamos muy bien.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"Azafrán" en ruso

"Azafrán" en ruso

    Hace una semana que la directora de mi editorial me comunicó que la editorial rusa "Arabesque", perteneciente al grupo A.S.T. (uno de los grandes grupos editoriales rusos), quiere publicar en su país "Azafrán", por lo que en estos momentos se está traduciendo a esa lengua.

    He pedido que me envíen algún ejemplar, por la curiosidad de ver qué tal queda el texto en cirílico. La ventaja de no entender absolutamente nada, es que no encontraré ninguna errata.